Planteo filosófico este de que el tiempo es la única dimensión que siempre va hacia un mismo sentido: hacia delante. O tempo não para, etc, etc, ya que, aunque dure lo que él quiere, porque vamos, no me van a decir que una hora dura lo mismo en clase que en el telo, bueno, a pesar de sus caprichosos lapsos más dilatados o encogidos a su antojo, va siempre hacia allá, hacia el futuro. Salvo, claro, en las películas de Marty McFly y en la cabeza de Einstein, o no era eso la teoría de la relatividad: que un tipo da la vuelta al perímetro terrestre a la velocidad de la luz y cuando llega al punto de partida se ve a sí mismo arrancando. Algo así, que Newton se pudrió en su tumba cuando lo oyó, junto con la manzanita. Y así es que en nuestras cabezas o pantallas de monitor del o la PC aparece que la hora va para atrás, porque el faquin windows se conecta a un servidor de husos horarios que dice que nosotros, argentinos, vivimos a -3 del Greenwich, pero el decreto veraniego dice que no, que a -2, entonces corregimos la hora, una menos, más temprano, oscurece a las 21.30, amanece a las… ¿7.00? No sé, a esa hora no tengo idea de lo que pasa, y qué: unos días más después aparece la hora antigua. Y uno lo más cómodo piensa “recién son las seis, qué bien” y resulta que te llaman para reclamarte y decís, “pero si son las seis”, y no, ¡son las siete! Todo porque Guille, que nos ama y nos consiente, no nos deja hacer nada que él no tenga controlado, o porque vamos de verdad para atrás, o por ahí porque Einstein tenía razón, cuando estamos navegando a la velocidad de la luz llegamos a un punto en que nos vemos partir, o bien regresamos a la hora de partida y bueh…